Ya son 15 años…
 

" Mi salario, es la sonrisa de un niño "

La fundación festeja sus 15 años de existencia en el 2006. ¿Echando un vistazo al pasado, qué reflexiones le inspiran estos años de alegría,  solidaridad y generosidad?
15 años en Colombia son una generación. Una generación de lucha, todos los días, por estos niños. Con mucha alegría, siempre con el mismo entusiasmo, pero también sintiendo cada vez más la inmensa responsabilidad que pesa sobre mis espaldas. 15 años, en este país dónde la vida es más corta a causa de la violencia, es enorme. Es un milagro y los resultados están ahí, concretos. Actualmente, en Suiza, puede encontrar dos jóvenes ex-pensionados de Moi pour toit, una joven de 25 años y un joven de 19 años. Ellos son el ejemplo tangible de nuestro trabajo a largo plazo. En una palabra, es mi salario, porque trabajo como voluntario al mismo tiempo que ejerzo mi carrera de periodista.
 

Volvamos al pasado. ¿Cómo se sentía en febrero de 1991, lo recuerda?
¡Como si fuera ayer! Febrero de 1991, es la fecha en la cual, Moi pour toit, que ya existía desde 1988, se convirtió oficialmente en una fundación. Entre 1988 y 1991, apoyaba un hogar gubernamental en Pereira, pero como las autoridades no cumplieron sus promesas, me retiré y me lancé solo, con la convicción que podía salir adelante, conociendo las enormes necesidades de la región. En junio de 1991, Moi pour toit abrió su primer hogar, un centro de acogida para doce jovencitas, la primera estructura de este tipo en una ciudad de más de medio millón de habitantes.

¿En algún momento ha tenido la tentación de retroceder frente al tamaño de la tarea, ha dudado de la eficacia de la acción emprendida?
No, nunca. Un día de primera comunión en el cuál participaban más de 20 niños de Moi pour toit – era el 8 de diciembre del 2004 – el padre de la comunidad vecina predicó y utilizó una bella imagen: «Existen el mar y la playa, en ésta última hay cientos de peces o de crustáceos sorprendidos por la marea baja y amenazados de muerte por la violencia del sol. Un hombre que camina se agacha, recoge un cangrejo y lo tira al mar, después recoge otro y así sucesivamente. Este hombre no puede ocuparse de todos los peces. Pero los que lanzó al agua tienen una gran posibilidad de salir adelante. He aquí el trabajo de Christian Michellod.» Tengo numerosos niños que ahora son adultos, padres o madres de familia, soy muchas veces abuelo. Todos ellos me llaman Papá o Papito. Por uno sólo de ellos, volvería a empezar mi lucha. La tarea es inmensa, pero la sonrisa de un niño es aún más grande.

¿Cuáles fueron los momentos más intensos de estos 15 años de existencia de Moi pour Toit?

La fundación ha crecido más o menos lentamente. Los momentos más intensos son muchos. Cada uno de mis dos viajes anuales es uno. Para mí, los momentos intensos se sitúan a nivel de las emociones. Actualmente, hacemos talleres de trabajo para los padres que sobreviven en suburbios inimaginables y cuyos niños estudian en nuestra escuela. En diciembre, estaba en la calle y una mujer se acercó y me dio un beso y me dijo gracias. No la conocía. «Estoy esperando el bus. Voy a la fundación para asistir al taller de costura. Vi su foto allá. Gracias por todo lo que usted hace.» Momentos como esos, sobre todo con los niños, vivo continuamente. Ellos son mi motor.

La fundación vive sólo a través de la generosidad popular. Hace un año, el dinero de los donantes estaba sobre todo destinado a las víctimas del tsunami que destruyó a Asia del sur, lo que lo llevó a lanzar un verdadero SOS. Ahora, cuál es su sentimiento sobre este llamado a la solidaridad valaisanne, ¿Tiene el sentimiento de pedir demasiado?
Pide y recibirás, la fórmula no es mía. El SOS lanzado fue escuchado. Me abrió los ojos sobre el amor que los Valaisans (habitantes de Valais) sienten por la fundación y por sus niños. No me había dado cuenta. Recibí muchísimas palabras de apoyo y ánimo. Moi pour toit forma parte del paisaje y para seguir pintando la alegría en la cara de estos niños necesito de los demás.

Actualmente los donantes son siempre fieles. ¿Sin ellos, la existencia de la fundación no está asegurada?
Los 1200 padrinos – miembros del Club de los 1000 con 20 francos mensuales – son la garantía, aún si ellos sólo aportan el 35% de los fondos necesarios. Moi pour toit no tiene ningún subsidio, ninguna ayuda oficial. Excepto la del gobierno colombiano que financia el 10% del presupuesto. El resto, es decir más de 50.000 francos suizos mensuales, provienen de la generosidad esencialmente de los Valaisans.

Puedo insistir en un tema: ¿El dinero de los donantes es enviado directamente sin intermediarios?
Exacto. El dinero pasa mensualmente de la cuenta de la fundación en Suiza a la cuenta de la fundación en Colombia, y es administrado allí por dos miembros del comité director de Moi pour toit, entre ellos Kenny Giovanola, un Valaisan comprometido desde hace casi 3 años. Un franco donado es un franco que llega totalmente a Pereira, porque los gastos, aquí, son financiados por la venta de artesanía u otras manifestaciones.

La fundación cuenta actualmente con 158 niños. ¿Tiene algún proyecto de expansión o desea asegurar lo que ya existe?
158 niños, 60 empleados, un presupuesto cercano a los 900.000 francos. Hemos llegado al límite superior para una fundación basada en el voluntariado. Mi principio no ha cambiado, la calidad del trabajo antes que la cantidad de niños. Con la apertura del Centro de urgencias Louis-Ernest, en diciembre pasado, tenemos una infraestructura muy desarrollada. Algunos observadores afirman que no existe otra tan eficaz y completa en toda Colombia. Con una singularidad, estamos al principio de esta cadena y al final. Moi pour toit en Valais y en Colombia, es la misma fundación. Existen muchas organizaciones que apoyan proyectos. Nosotros construimos la nuestra completamente.

Este sábado, además el 3 de mayo en Martigny y el 11 de mayo en Sion, se llevará a cabo la fiesta de los 15 años. ¿Cuál será el ambiente general?
El ambiente de la emoción. El sábado, será un día sobre todo para los niños. Después dos noches en la carpa de Starlight, un pequeño circo del Sol, con comida y espectáculo. Contaremos con la presencia de dos ex-pensionados de la fundación, dos de mis niños que podré presentar a los amigos que nos apoyan. Estoy muy orgulloso de ellos. Y después el circo, es la infancia. Mi lucha.


 LUZ MARINA, FRUTO DE MOI POUR TOIT
Un fabuloso destino

Luz Marina nació en Colombia, en Pereira, el 27 de abril de 1981. Hoy hace 25 años. Abandonada desde el nacimiento por su madre, vivió algunos años con su padre y su madrastra. «Pero era maltratada. No podía soportar más ese sufrimiento y preferí huir.» Después de haber frecuentado un hogar donde estaba «encerrada junto con cuarenta jóvenes más », conoció Moi pour toit. «Encontré jóvenes de la fundación que me la describían con entusiasmo. Decían que encontraban mejores posibilidades para estudiar, para formarse, para afrontar mejor el futuro y la sociedad sin tener las manos vacías y con un espíritu familiar. ¡Es verdad!» Luz Marina entró a Moi pour toit en 1994, y se quedó cinco años, hasta que cumplió 18 años y más… «En 1999, obtuve el diploma de bachiller y la fundación me contrató como secretaria. Obtuve un diploma de secretariado comercial y otro de contabilidad.» Durante 6 años más, Luz Marina era la voz que respondía las llamadas telefónicas y la persona que se encargaba de las tareas administrativas de Moi pour toit. «Después llegó el amor, un niño, una nueva vida.» Con Jérôme, voluntario Neuchâtelois vinculado a la fundación durante dos años. La familia dejó definitivamente la fundación en Colombia, hace 15 días y aterrizó en Ginebra el lunes de pascuas de este año.

«¿Y tu papá?» le preguntan. «Es papá Christian. Es una gran persona, noble, que abre su corazón y que protege tantos niños, sin ningún interés. No solamente me ha ayudado económicamente, sino que me ha brindado su amor en un hogar único en el mundo. Papa Christian me brindó una familia.» ¡De su familia, biológica, no tiene ninguna noticia desde 1991!
Luz Marina es un fruto del amor de Moi pour toit y el árbol tienes muchos más …

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